Ahí donde se termina mi cuerpo
y se derraman mis bordes
empieza el cuerpo de la otra
mi hermana desconocida
que arma una barrera con lo que tiene:
pequeña anatomía y pequeña voz
para que no me lastimen,
o no vuelvan a hacerlo.
Ella escucha mis secretos,
mis susurros quedos
porque lo que digo le corre por dentro
porque donde se termina mi cuerpo
empieza el de ella.
Y así, sin conocernos,
nos miramos sabiendo
que lo que destruye a una mujer
las destruye a todas.
Sin nunca antes habernos sentido
un solo cuerpo en todos los cuerpos;
sin nunca pensar que tenemos que generalizar el dolor
para ser la Hydra
a quien le crecen cabezas
por cada una que le cortan.
Así, donde muere mi cuerpo,
nace el de ella.
Allí, donde nos volvemos monstruo, bruja, serpiente
para nunca más
ser doncella.
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